lunes, 25 de enero de 2010

Sobre las Elecciones en Chile: El fin del gobierno concertacionista, el triunfo de la derecha y las tareas del movimiento popular


Este cambio de gobierno se da luego que la Concertación administrara por 20 años el modelo neoliberal heredado de la Dictadura, en una constante negociación y acuerdo con la Derecha, y bajo la protección y el beneplácito del empresariado. El bloque en el poder ha sido unido y sólido, y hasta el día de hoy lo es, en la medida en que no hay grandes disputas de poder entre las distintas fracciones de la burguesía, y en que la “democracia de los acuerdos” siempre ha primado por sobre los conflictos. De este modo, el tipo de modelo económico que se ha instaurado en Chile -donde la precariedad del trabajo es la regla, donde prácticamente no hay restricciones al negocio de unos cuantos por sobre las necesidades de las mayorías trabajadoras, donde hay Tratados de Libre Comercio con casi todos los países del mundo, cuya contra parte es la miseria de los sectores económicos más débiles y la depredación de los recursos naturales, y donde la distribución del ingreso es asquerosamente desigual-, ha sido el eje de acuerdo, con matices cosméticos, de la clase política dominante.

Nosotros vemos que el resultado de las elecciones, con la Derecha en el gobierno, no va a cambiar el panorama. Si bien asumimos que hay diferencias -como por ejemplo, hay algunos derechos sociales mínimos que la Concertación no se decidió a recortar, o bien no tuvo el tiempo para hacerlo-, estas diferencias no son de fondo. La Concertación instaló, durante estos 20 años, una visión del país que es la hegemónica en la actualidad, y que expresa la legitimación de la desigualdad del capitalismo en aras de la “gobernabilidad” y de la “democracia”.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que durante este último año, en el período pre electoral, se dio una situación extrañísima: la Concertación supuestamente estaba debilitada, dividida, pero el proyecto concertacionista se expresaba más vigente que nunca a través de los diversos candidatos. Un Jorge Arrate que venía del bloque gobernante, con ciertos reparos y críticas, pero que representaba a un PC muy afín a la Concertación, un MEO que se declaraba el continuador de la Concertación, un Eduardo Frei apoyado formalmente por los partidos de Gobierno, y Piñera que intentaba ofrecer lo mismo que la Concertación, pero “bien administrado”, “extendiendo los beneficios a la clase media” y “sin los vicios del pasado”.

En cuanto a la elección en sí, y como explicación del triunfo de Piñera, vemos que hay una evidente crisis del padrón electoral. Más del 40% de las personas mayores de 18, no están inscritas, no fueron a votar, anularon o dejaron el voto en blanco. Por lo tanto, Piñera fue electo con alrededor del 30% de los votos de los mayores de edad, sin un aumento sustancial del total de votos que históricamente ha tenido la derecha. Debido a esto, vemos al mismo tiempo, una mantención de las posturas políticas a nivel del electorado, es decir, no consideramos que exista una derechización efectiva o profunda de la sociedad chilena.

Al contrario que los analistas políticos, nosotros pensamos que Chile no cambió, y justamente por eso salió Piñera, pues, lo que sí explica su elección es la deslegitimación de la participación en las elecciones y en general de la política institucional, y además una despolitización profunda en términos de la completa ausencia de proyectos políticos en la sociedad chilena. En ese vacío de política real, es que puede tener éxito una propuesta puramente propagandística como la de Piñera. Este vacío, se expresa muy bien es lo programático, en la medida en que la Derecha que llega al gobierno ha prometido “cosas” pero sin esclarecer las medidas que quieren tomar. Ellos han declarado simplemente que ellos harán las cosas bien. Así, se autoproclaman como mejores administradores que la Concertación, sin corrupción, y con caras nuevas.

Otro nivel de análisis, son las implicancias inmediatas y directas en términos de las relaciones internaciones, pues se fortalece el eje de gobiernos más reaccionarios de la región de América Latina (Perú, Colombia, México, etc.) lo cual es un gran impulso a los intereses imperialistas de EEUU, que justo en este momento está en una nueva ofensiva, desde el Golpe en Honduras, y recientemente con la invasión camuflada de “ayuda humanitaria” a Haití.

Otra implicancia directa del triunfo de la Derecha, es una probable restricción del gasto social, por el énfasis que ha hecho históricamente la Derecha en ese ámbito. Pero recordemos que ya está bastante restringido, pues los derechos sociales durante la Concertación, como la Educación, Salud, Vivienda, han sido escasamente cubiertos a través de los recursos del Estado, a pesar de los bonos focalizados. El gasto público ha sido, en general, un salvataje constante a las inversiones de los capitalistas. En todo caso, sabemos que Piñera no puede ser drástico en el recorte pues le puede hacer perder popularidad, y también sabemos que en las finanzas públicas, en el caso que el Estado de Chile se viera apretado, tanto la Concertación como la Derecha apelarían a recortar el gasto social.

También vemos que un aspecto importante es la reconfiguración parcial del panorama político, pues ya desde antes de la elección diversos sectores hablaban de generar una nueva “coalición progresista”. Sobre este asunto, hay varios elementos a considerar. Lo fundamental, y lo más peligroso, es que estos sectores van a jugar a dos bandas, haciendo “oposición constructiva” como ellos dicen, es decir, apoyando a Piñera en el gobierno y parlamento (ejemplo de ello es la buena recepción de la idea del “gabinete de unidad nacional”), e intentando, al mismo tiempo, activar la movilización social, instrumentalmente, en función de volver a ser gobierno, en la línea de las declaraciones del presidente de la CUT, Arturo Martínez.

Este nuevo bloque “progresista” puede agrupar a los partidos de la Concertación, a los partidarios de MEO, puede acercarse al PC y otras fuerzas de izquierda, o puede excluir a alguno de estos sectores, pero probablemente juegue a lo mismo. Aquí se instala un falso dilema entre el “progresismo” y la Derecha, como ocurrió antiguamente con Dictadura vs Democracia, lo cual todo luchador social honesto debe combatir.

Como es posible que haya un vuelco de las fuerzas concertacionistas a la movilización social, en función de recargar sus fuerzas, lo cual implicará una instrumentalización del movimiento popular, habrá que prepararse para hacer frente a un escenario de mayor movimiento, pero con una óptica poco favorable para un proyecto revolucionario y autónomo de las y los trabajadores y los pueblos. Nuestra apuesta pasa, en este sentido, por aprovechar las coyunturas que se puedan generar para fortalecer y construir la fuerza propia del campo popular, y enfrentar al régimen capitalista, con independencia, autonomía y solidaridad entre las y los que luchan. Nuestra tarea, la tarea del movimiento popular, que siempre ha sido ardua, es defender lo poco que hay, y seguir luchando por lo que no tenemos, por lo que nos pertenece.

¡Por el Socialismo y la Libertad!

¡Arriba las y los que luchan!

Estrategia Libertaria – Corriente de Acción Libertaria


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